Morelia, Michoacán, 20 de octubre de 2026.- El Catecismo de la Iglesia Católica define el purgatorio como la purificación final de aquellas personas que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero que todavía necesitan purificarse para alcanzar la santidad necesaria e ingresar al cielo.
La doctrina católica precisa que el purgatorio es una condición completamente distinta de la condena eterna, no constituyendo una segunda oportunidad de salvación, sino una preparación definitiva para quienes ya tienen asegurada la vida eterna.
Asimismo, la enseñanza teológica aclara que el purgatorio no posee una ubicación física ni una duración temporal medible en términos humanos, enfocándose en su dimensión espiritual de transformación y purificación del alma.
Para auxiliar a las almas en este proceso, la Iglesia enseña que los fieles en la tierra pueden ofrecer sufragios sustentados en la comunión de los santos, destacando principalmente la celebración del sacrificio de la Santa Misa.
Adicionalmente, se recomienda a los creyentes ofrecer oraciones personales, la aplicación de indulgencias, así como la realización de obras de caridad y actos de penitencia en favor de los difuntos.
El fundamento bíblico de esta práctica se apoya en pasajes como el Segundo Libro de los Macabeos (12, 44-46), donde se relata la costumbre de orar y ofrecer sacrificios por el descanso de los fallecidos, conforme a lo publicado por Desde la Fe.